Información de Salud y Ciencia

por Melania Bentué

23/11/2025

Manuel Herrera, presidente de SESPAS: "No podemos hablar de progreso sin hablar de justicia social"

Entre sus objetivos al frente de esta sociedad científica, seguir impulsando la Agencia Estatal de Salud Pública, reforzar la presencia de la salud pública en las políticas públicas, garantizar que la salud pública y la gestión sanitaria estén en el centro de la agenda social y política

Manuel Herrera, presidente de SESPAS: "No podemos hablar de progreso sin hablar de justicia social"

Manuel Herrera Artiles es farmacéutico y coordinador de la Unidad de Apoyo de la Dirección General de Salud Pública del Servicio Canario de la Salud. Desde mediados del mes de septiembre es el presidente de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS).

¿Cómo afronta el reto que tiene por delante? 
 
Lo afronto con una mezcla de ilusión y de responsabilidad. Para mí, es un honor estar al frente de SESPAS, una sociedad que reúne a tantas personas comprometidas con la salud pública y con la mejora del sistema sanitario en nuestro país.
 
Personalmente, siento que es también un reto apasionante, ya que supone poner en valor la experiencia acumulada durante años en el ámbito de la salud pública y, al mismo tiempo, escuchar y aprender de todas las voces que forman parte de la sociedad.
 
Desde una perspectiva institucional, el compromiso es claro, trabajar para que SESPAS siga siendo un referente en el análisis y en la propuesta de políticas que fortalezcan la salud pública y la equidad en salud. Se trata de un momento en el que los desafíos son enormes y nuestra misión es contribuir con rigor científico y con una visión integradora.
 
¿Cuáles son los objetivos que se ha marcado?
 
El objetivo principal es reforzar el papel de SESPAS y de todas sus sociedades, como una voz sólida y respetada en salud pública. Queremos seguir siendo un espacio de encuentro donde el conocimiento científico y la experiencia profesional se traduzcan en propuestas útiles para mejorar la salud y el bienestar de la población.
 
Me gustaría una mayor presencia de SESPAS en el debate público y político, ayudando a que las decisiones en salud se apoyen siempre en la mejor evidencia disponible. También es prioritario fortalecer los lazos entre nuestras sociedades federadas, porque en esa diversidad de disciplinas y enfoques está gran parte de nuestra riqueza.
 
Otro de los grandes objetivos es contribuir a que la salud pública gane el lugar que merece como prioridad social. Eso significa insistir en la prevención y en la reducción de desigualdades en salud, porque no podemos hablar de progreso sin hablar de justicia social. Al mismo tiempo, es fundamental que estemos preparados para los retos del presente y del futuro, desde el impacto del cambio climático hasta las emergencias sanitarias o el envejecimiento de la población.
 
SESPAS debe ser reconocida no solo por su prestigio científico, sino también por su capacidad de generar propuestas independientes, rigurosas y comprometidas con la sociedad.
 

"La Agencia de Salud Pública servirá para anticiparnos a los riesgos"

 
¿Es optimista con la creación de la Agencia Estatal de Salud Pública? ¿Tardaremos en ver que se convierte en realidad?
 
La creación de la Agencia Estatal de Salud Pública responde a una demanda largamente compartida por muchos profesionales y organizaciones, incluida SESPAS, que llevamos años insistiendo en la necesidad de contar con una estructura fuerte y estable que refuerce la capacidad de nuestro país para proteger la salud de la población.
 
Es cierto que los tiempos administrativos y políticos suelen ser más largos de lo que todos desearíamos. Sin embargo, lo importante es que el proyecto ya está en marcha y cuenta con un consenso social y profesional amplio. Eso, en sí mismo, es un avance significativo, lo que invita al optimismo.
 
La Agencia no solo debe existir, sino que debe aportar un verdadero valor añadido, mejorar la coordinación entre comunidades autónomas, reforzar los sistemas de vigilancia epidemiológica, anticiparse a nuevas amenazas para la salud, como las emergencias sanitarias o los efectos del cambio climático, y apoyar con evidencia científica la toma de decisiones políticas. También tiene que ser una herramienta para fortalecer la comunicación con la ciudadanía, que es clave para generar confianza y credibilidad.
 
Desde SESPAS mantendremos nuestro compromiso de colaborar y aportar conocimiento para que la Agencia sea una realidad lo antes posible. No se trata de ir deprisa, sino de hacerlo bien, lo importante es que nazca fuerte, con recursos suficientes y con la independencia necesaria para estar a la altura del reto.
 
¿Qué supondrá su puesta en marcha? 
 
La creación de la Agencia Estatal de Salud Pública puede marcar un antes y un después. No es simplemente poner en marcha una nueva institución, sino contar con una herramienta que ayude a cuidar mejor de la salud de toda la población.
 
¿Qué va a cambiar? 
 
En primer lugar, tendremos una coordinación más eficaz entre comunidades autónomas, de manera que la información sobre problemas de salud se comparta más rápido y se tomen decisiones de forma más coherente. Además, la Agencia servirá para anticiparnos a los riesgos, detectar antes los brotes, estar mejor preparados frente a emergencias sanitarias y aprender de lo vivido durante la pandemia.
 
Pero no se trata solo de crisis. La Agencia también puede impulsar la prevención y la promoción de la salud en temas que nos afectan cada día, como el impacto del cambio climático, las desigualdades sociales, la salud mental o la necesidad de fomentar hábitos de vida saludables.
 
Lo que cambiará es que España tendrá un organismo fuerte, estable y con independencia suficiente para ayudar a que las decisiones en salud se tomen con la mejor evidencia posible, pensando siempre en el bienestar de la ciudadanía.
 

"La pandemia no fue un paréntesis, sino una lección"

 
Después de la pandemia parecía que la Salud Pública iba a tener un mayor protagonismo dentro de la gestión, pero ¿qué ha pasado?
 
Durante la pandemia vivimos una situación inédita. De repente, la salud pública pasó a estar en el centro de la vida política, mediática y social, todo el mundo hablaba de epidemiología, de curvas y de prevención y parecía lógico pensar que esa visibilidad se iba a traducir en un impulso decidido y sostenido a la salud pública.
 
Sin embargo, una vez superada la fase más aguda de la crisis, la atención mediática y política se desplazó hacia otros problemas, y parte de esa oportunidad se ha ido diluyendo. Es algo que no ha ocurrido solo en España, sino en muchos países, cuando la emergencia inmediata pasa, cuesta mantener la salud pública como prioridad, el interés pierde intensidad, mientras que los retos siguen estando ahí, como reforzar los sistemas de vigilancia, invertir en prevención, reducir desigualdades y prepararnos para futuras crisis.
 
La pandemia no fue un paréntesis, sino una lección. Si no aprendemos de lo ocurrido y no consolidamos estructuras fuertes de salud pública, volveremos a estar expuestos a los mismos riesgos. Y es responsabilidad de todos, tanto de profesionales, responsables políticos o ciudadanía, mantener la salud pública en el lugar que merece, en el centro de la gestión y como parte esencial del bienestar colectivo.
 

"Invertir en salud pública es una inversión con un enorme retorno social y económico"

 
¿Por qué cree que, a las instituciones, a los gobiernos, les cuesta tanto entender la necesidad de invertir en salud pública?
 
Creo que una de las principales dificultades es que los resultados de la salud pública no se ven de forma inmediata. Invertir en prevención significa evitar enfermedades dentro de cinco, diez o veinte años. Y eso, para las instituciones y los gobiernos, es más difícil de valorar que una medida que tiene un efecto visible en el corto plazo.
 
Además, la salud pública tiene algo de "víctima de su propio éxito", cuando funciona bien, no se nota, no se visibiliza el esfuerzo. Si evitamos un brote, si reducimos una epidemia, si conseguimos que menos personas enfermen, lo que se ve es la normalidad, y la normalidad rara vez ocupa titulares.
 
También hay un factor cultural, seguimos midiendo la salud en términos asistenciales, de atención primaria u hospitales, de tecnología o tratamientos, que son imprescindibles, pero olvidamos que gran parte de lo que determina nuestra salud está fuera del sistema sanitario, en ámbitos como la educación, la vivienda, el empleo o el medio ambiente.
 
Por eso, invertir en salud pública no es un gasto, sino una inversión con un enorme retorno social y económico. Cada euro que se dedica a prevención y promoción de la salud se multiplica en ahorro futuro para el sistema sanitario y, lo más importante, en calidad de vida para las personas y toda la sociedad.
 

¿Qué necesitan los y las profesionales de la Salud Pública?

 
Necesitan, ante todo, reconocimiento. Reconocimiento a su labor cotidiana, muchas veces silenciosa, pero absolutamente esencial para la salud de toda la población. Y ese reconocimiento debe traducirse en condiciones profesionales equiparables a las de otros ámbitos del sistema sanitario, porque solo así se podrá garantizar la igualdad y la justicia dentro de la propia profesión.
 
También necesitan recursos y estabilidad, junto con oportunidades de capacitación y actualización permanente. La salud pública evoluciona con rapidez, y es fundamental que quienes trabajan en ella tengan acceso a formación de calidad y a un desarrollo profesional continuo.
 
Otro reto clave es la retención del talento. No podemos permitir que profesionales altamente cualificados abandonen la salud pública por falta de oportunidades, precariedad o ausencia de perspectivas de crecimiento. Apostar por ellos es apostar por un sistema más fuerte y preparado.
 
Y, por supuesto, es imprescindible darles espacios de participación e influencia en la toma de decisiones. La salud pública debe estar representada en los lugares donde se definen las políticas, porque aporta una mirada realista, científica, preventiva y equitativa que es insustituible.
 
Debemos trabajar para reforzar la capacitación, defender la igualdad de reconocimiento profesional, y contribuir a que el talento en salud pública se valore, se cuide y se mantenga en nuestro país.
 
 ¿Cree que ahora la ciudadanía entiende mejor lo que engloba y el significado de su trabajo?
 
La pandemia hizo que la ciudadanía se acercara como nunca a la salud pública. De pronto, conceptos técnicos como prevención, vigilancia o incidencia formaban parte de las conversaciones familiares y de los titulares de los medios. Creo que eso dejó una huella. Hoy la gente es más consciente de que la salud pública está detrás de muchas de las cosas que permiten nuestra vida cotidiana.
 
Es verdad que el interés se ha reducido al desaparecer la urgencia, pero lo importante es que se abrió una puerta. Ahora tenemos la oportunidad de consolidar esa conciencia y de mostrar que la salud pública no solo se ocupa de las epidemias, sino también de la calidad del aire que respiramos, de la alimentación, de la salud mental, de la seguridad en nuestros entornos y de la reducción de desigualdades sociales.
 
Yo soy optimista, creo que, poco a poco, la ciudadanía está entendiendo mejor que la salud pública es una inversión colectiva en bienestar y futuro. Nuestro desafío es consolidar ese interés y traducirlo en un respaldo social sólido, de modo que la salud pública adquiera la relevancia que le corresponde en la planificación política y en la cultura social.
 

"La salud pública es como un gran paraguas que nos protege"

 
¿Cómo definiría la salud pública para esa parte de la población que tal vez no comprenda su papel?
 
A mí me gusta explicarla de una manera sencilla, es todo lo que hacemos, como sociedad, para proteger y mejorar la salud de todas las personas, no solo cuando están enfermas, sino sobre todo cuando están sanas para que no lleguen a enfermar.
 
Tiene que ver con el aire que respiramos, el agua que bebemos, los alimentos que consumimos, la seguridad en las calles, la prevención de enfermedades o la reducción de desigualdades sociales. Es el conjunto de políticas y acciones que hacen posible que vivamos más y mejor.
 
Si la medicina se centra en cuidar a cada persona cuando tiene un problema de salud, la salud pública se centra en cuidar a toda la población, trabajando en prevención, promoción de hábitos saludables y creación de entornos que favorezcan el bienestar.
 
Por eso decimos que cuando la salud pública funciona bien, muchas veces no se nota… pero está ahí, protegiéndonos cada día. Haciendo una metáfora, la salud pública es como un gran paraguas que nos protege a todos, incluso cuando no somos conscientes de que lo necesitamos.
 

"Una comunicación en salud pública clara, accesible y constante"

 
¿Estamos más preparados ahora para afrontar una crisis del tipo de la que vivimos en 2020?
 
Sin duda hemos aprendido mucho de la pandemia y eso nos hace estar más preparados que en 2020. Hoy contamos con más experiencia en la gestión de emergencias, mejores protocolos de coordinación y una mayor conciencia ciudadana sobre la importancia de la prevención. También tenemos un sistema científico y profesional que demostró una enorme capacidad de respuesta y que sigue siendo una de nuestras mayores fortalezas.
 
Ahora bien, no podemos caer en la complacencia. Hay ámbitos en los que aún tenemos un largo camino por recorrer, como reforzar los sistemas de vigilancia epidemiológica, mejorar la coordinación entre administraciones, garantizar recursos estables para la salud pública y, sobre todo, consolidar estructuras como la futura Agencia Estatal de Salud Pública.
 
La próxima crisis llegará y debemos afrontarla con rapidez, eficacia y equidad. El reto es transformar las lecciones aprendidas en cambios estructurales que nos permitan responder mejor a la próxima crisis sanitaria, porque llegará.
 
Si hablamos de desinformación y del efecto que tiene en la salud de las personas, ¿qué les preocupa? 
 
La desinformación es uno de los grandes desafíos para la salud pública en nuestro tiempo. Nos preocupa porque no solo confunde, sino debilita la confianza, y sin confianza no hay salud pública posible.
 
Es algo que puede tener consecuencias muy concretas sobre la salud de las personas, desde retrasar una vacunación hasta fomentar hábitos poco saludables o generar desconfianza hacia las instituciones sanitarias.
 
El problema es que la desinformación tiene una capacidad de propagación mucho mayor que la información veraz, en especial en redes sociales. Su carácter simplificado y atractivo facilita su difusión, mientras que la ausencia de filtros y mecanismos de corrección permite que se consolide incluso cuando carece de toda base real. Esa desinformación erosiona la confianza, tanto en los profesionales, como en las instituciones o en las propias medidas de salud pública. Y sin confianza, cualquier estrategia preventiva o de promoción se debilita.
 
Es fundamental apostar por una comunicación en salud pública que sea clara, accesible y constante. No basta con dar datos, hay que explicar, escuchar y dialogar con la ciudadanía, utilizando también los canales y los lenguajes que la gente usa en su vida cotidiana. Combatir la desinformación es, en realidad, fortalecer la confianza social y proteger la salud colectiva.

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