Información de Salud y Ciencia

por Melania Bentué

2/3/2021

La Epidemiología se muestra contraria a la vacunación obligatoria contra la Covid-19

Los grupos de trabajo de Ética y Protección de Datos y de Vacunaciones de la SEE consideran que no hay razones epidemiológicas ni éticas que justifiquen esta obligatoriedad y creen que puede ser contraproducente

La Epidemiología se muestra contraria a la vacunación obligatoria contra la Covid-19

Algunas autoridades sanitarias están planteando modificaciones en su normativa encaminadas a sancionar económicamente a las personas que no se vacunen contra la COVID-19 en el caso en que decidieran que la vacunación fuera obligatoria y dejara de ser una decisión voluntaria y libre. Una propuesta que ha sido ya respondida por la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) subrayando que, en la actualidad, no hay razones epidemiológicas ni éticas que justifiquen la obligatoriedad de la vacunación y señala que incluso puede ser contraproducente.

El posicionamiento que han hecho público ha sido elaborado por los grupos de trabajo de Ética y Protección de Datos y de Vacunaciones. En él, recuerdan que, aunque es cierto que la legislación española permite que las autoridades puedan imponer la obligatoriedad de la vacunación en determinadas circunstancias, "está menos claro que una comunidad autónoma pueda hacerlo unilateralmente en todo su territorio, sobre todo, si su situación es mejor que otras muchas".
 
Hoy por hoy, "no hay razones epidemiológicas ni éticas que justifiquen la obligatoriedad de la vacunación. Todo lo contrario", recuerdan desde la SEE y destacan que, desde el punto de vista epidemiológico, la población española acepta estas vacunas mayoritariamente, más del 80% en las últimas encuestas, "porcentaje que probablemente sería suficiente para conseguir inmunidad de grupo".
 

Protegerse y proteger a los demás

 

Siempre se ha dicho que cuando una persona se vacuna se protege a sí misma y, a la vez, protege a los demás. Sin embargo, desde el punto de vista ético, "la obligatoriedad de la vacunación solo tiene sentido si hay un rechazo importante de la población a recibir una vacuna para la que hay pruebas fehacientes de su eficacia y seguridad y si ese rechazo impide que se pueda lograr la inmunidad colectiva necesaria para frenar la circulación del agente infeccioso", explican los epidemiólogos. Así, el posicionamiento que han publicado recoge que la obligatoriedad solo tiene sentido "si la protección del bien común tiene que hacerse a costa necesariamente de no respetar las decisiones individuales de los contrarios a vacunarse. Pero ese no es el caso de la vacunación frente a la COVID-19".

 
La vacunación es una actividad preventiva que se aplica a personas sanas pero que supone ciertos riesgos y ciertas molestias, aunque sean pequeños. No es una actividad terapéutica que se aplica a personas enfermas para curar o aliviar su enfermedad. Tanto en las actividades preventivas como en las terapéuticas se debe aplicar todo lo que sea posible el principio de respeto a las personas, que supone que deciden libremente si reciben esas medidas, siempre que ello no ocasione un perjuicio a terceros. 
 

Salud pública y libertad individual

 

Mientras el porcentaje de personas que rechazan la vacunación sea relativamente pequeño, las políticas de salud pública más razonables "aconsejan armonizar la búsqueda del bien común y de la solidaridad con el respeto a las decisiones individuales, libres y sin coacciones", destacan desde la SEE, al considerar que, de esta forma, se aplica el consejo de recurrir a las medidas de apoyo a la salud pública que sean menos restrictivas de las libertades individuales.
 
En cualquier caso, apuntan que la obligación de las autoridades sanitarias estatales y autonómicas "es persuadir y convencer a todos aquellos que puedan tener reservas contra la vacunación de los enormes beneficios que aportarán a todos frente a unos riesgos muy pequeños a que se exponen". Para la Sociedad Científica, el recurso a medidas punitivas u obligatorias "puede generar en la población, además, una desconfianza en las autoridades muy poco aconsejable para la gestión de la pandemia".
 
En su comunicado, piden precisamente a las autoridades, "ganarse la confianza aplicando medidas basadas en la mejor ciencia, con rendición de cuentas y transparencia. La obligatoriedad, aunque sea relativamente encubierta, solo puede ser un último recurso cuando la situación así lo exige y no quedan otras alternativas".
 
Fotografía: Mehmet Turgut Kirkgoz (Unsplash)

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Melania Bentué . Premio Cine y Salud 2018 . Periodista Zaragoza

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